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Marcando el ritmo de las milongas

Perfil – 7 de julio de 2013

Marcando el ritmo de las milongas

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Danza, video y fotografía se unen en un emprendimiento que se verá en el Teatro de la Ribera de La Boca.

El sábado 13 de julio, con funciones de jueves a domingo, arranca Social Tango, proyecto que no solo combina danza y fotografía, no solo contiene expresiones contemporáneas y gangueras, sino que también puede significar la ocasión, para muchos espectadores, de acercarse a un teatro poco frecuentado de la Ciudad de Buenos Aires. Será en el teatro de la Ribera, dependiente del Complejo Teatral de Buenos Aires. Queda en Av. Pedro de Mendoza 1821, pleno La Boca, si, a pasos de la calle Caminito, y con todas las huellas de Benito Quinquela Martin. En este coliseo de medianas dimensiones, pintado con los folklóricos colores del barrio, con murales del famoso artista plástico, suelen programarse espectáculos vinculados con el tango. En este caso, Social Tango ofrece, sobre pistas de Francisco Canaro, Osvaldo Fresedo y tango electrónico, la danza de 14 bailarines, dirigidos por Agustina Videla. A la coreografía se suma proyección de un video de Nora Lezano.
La coreógrafa Agustina Videla, como muchos otros artistas del 2×4, tiene una profusa carrera en el exterior, de modo que los espectadores podrán descubrir su trabajo en Social Tango.

Estará acompañada por Renata Schussheim, vestuarista que es casi garantía de imaginación, originalidad y elegancia. El equipo de tangueros que completa la propuesta busca equilibrar la relación entre los protagonistas, que son bailarines profesionales, y la verdadera esencia del tango, la que se vive en las milongas. Por eso, tanto en el video proyectado dentro de la obra, como las fotografías expuestas en el hall del teatro -todos ellos, materiales visuales de la fotógrafa Nora Lezano- muestran ya no a bailarines escultóricos, sino a personas de edades y profesiones diversas, con cuerpos diversos, que bailan tango, que viven esta danza como parte de su cotidianidad, esto es, como parte de su socialización mas que como fenómeno artístico y escénico. Aparecen entonces esos viejos con pancita y con pelada quienes, quizás sin mas que un sencillo pantalón y en mangas de camisa, sienten el abrazo y la caminata de ocho tiempos como muchos profesionales anhelan tener y lo practican sin descanso.

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